Palabras y Expresiones

 Significado de “palabra”.
El Diccionario de la Real Academia Española (a partir de ahora DRAE) define “palabra” de la siguiente manera: palabra. (Del lat. parabola). 1. f. Segmento del discurso unificado habitualmente por el acento, el significado y pausas potenciales inicial y final.
 
Según el DRAE, una palabra es un segmento del habla o de la escritura que se distingue de otros por su emisión sonora.

En gramática tradicional palabra es uno de los segmentos limitados por delimitadores en la cadena hablada o escrita, que puede aparecer en otras posiciones, y que está dotado de una función.

 

Las palabras son las principales portadoras del significado en las lenguas humanas; por esta razón, en el caso de la lectura deben ser leídas y comprendidas para acceder al significado de unidades mayores: las oraciones, los párrafos y el texto. Si durante el proceso de lectura no se entienden las palabras que constituyen esas unidades mayores, resulta sumamente difícil construir el significado total de lo leído. Sin embargo, es una experiencia cotidiana que se lea un texto y se construya su significado aun cuando no se entienden determinadas palabras. Incluso, a veces es posible acceder al significado de una palabra atendiendo al significado del resto del texto. Por ejemplo, en el cuento “Un día perfecto para el pez banana” de J. D. Salinger, se lee: “Cuando, por fin, la operadora la llamó, estaba sentada en el alféizar de la ventana y casi había terminado de pintarse las uñas de la mano izquierda (...) Mientras sonaba el teléfono, con el pincelito del esmalte se repasó una uña del dedo meñique, acentuando el borde de la lúnula”. Es posible que el lector de este segmento no haya nunca leído o escuchado la palabra “lúnula” y que, sin embargo, pueda entender que significa “Espacio blanquecino semilunar de la raíz de las uñas” (DRAE). La razón de este fenómeno es que el proceso de lectura circula en dos sentidos: desde la palabra al texto y desde el texto a la palabra.
Cuando se descubrió el fenómeno de la comprensión de palabras a partir del texto, se llegó a pensar que la lectura era casi como un proceso de adivinanza (Goodman, 1967). Pronto se matizó dicha perspectiva y se llegó a la idea actual, con mucho respaldo experimental: la lectura es un proceso que circula simultáneamente en dos sentidos: desde las palabras hasta las oraciones (bottom-up) y desde las oraciones hasta las palabras (top-down) (Gernsbacher, 1994).

A lo dicho sobre la pronunciación en el habla y la interpretación de palabras a partir del resto de texto hay que agregar varias consideraciones que muestran que, en realidad, “palabra” es un término ambiguo, se ha visto que significa tanto la materia como el concepto. Además, significa tanto la clase general como cada ocurrencia o aparición particular de un vocablo. Esto se advierte al considerar el número de palabras que integran la frase “Trabajaba en el departamento de Chalatenango, El Salvador, en una escuela de pobres recursos, porque los estudiantes provenían de familias rurales empobrecidas y porque no estaba provista ni de una biblioteca ni de computadoras”. Si se cuentan veinticuatro palabras, se piensa en las apariciones reales y se toma como diferente cada aparición de las preposiciones “de” y “en”, las conjunciones “y”  “ni”, el artículo “el” y el conector “porque”. En cambio, si contabilizan once, se considera que en todos los casos en los que aparecen (en la frase y en todos los textos del castellano) “en”, “de”, “y”, “ni”, “el” y “porque” son repeticiones de palabras de naturaleza general.


Las apariciones particulares son un inventario de los usos reales e individuales de las palabras; el tipo general es el inventario de los tipos generales de palabras existentes en el sistema de la lengua. 

También existe la posibilidad de que “pobre” y “empobrecida” sean concebidas tanto como palabras distintas o como formas de la palabra “pobreza”. La palabra de la que se derivan formas recibe el nombre de “palabra testigo”. En los diccionarios figuran palabras testigo por ejemplo cuando los verbos se definen solo a partir del infinitivo; otros casos de derivación se observan cuando los definiciones remiten a la palabra testigo, como en “empobrecer: Hacer que alguien venga al estado de pobreza”. Algunas palabras derivadas, como “empobrecido”, ni siquiera figuran el DRAE.

Finalmente, como hemos visto  las palabras no siempre tienen como plantea el DRAE, un solo  significado: muchas de ellas son “polisémicas”. Una palabra es polisémica cuando presenta más de un significado, cuando sus diferentes significados tienen “semas” o unidades mínimas de significación compartidas y cuando los significados tienen el mismo origen.

“Departamento” tiene el significado general de “cada una de las partes en que se divide un territorio cualquiera, un edificio, un vehículo, una caja, etc.”, y luego los siguientes: “ministerio o ramo de la
Administración Pública”, “distrito a que se extiende la jurisdicción o mando de un capitán general de Marina”, “en las universidades, unidad administrativa de docencia e investigación, formada por una o varias cátedras de intereses afines”, “piso o vivienda en edificio de varias alturas” y “en algunos países de América, provincia” (DRAE).
Todos esos significados, aparecen bajo el mismo lema o palabra definida: “departamento”, y tienen como sema común “parte en la que se divide un lugar”.

Hay además palabras homónimas, que tienen significantes iguales y significados diferentes. Por ejemplo, “plantar1” es un infinitivo que significa “Meter en tierra una planta, un vástago, un esqueje, un tubérculo, un bulbo, etc., para que arraigue” y “plantar2”, es un adjetivo que designa lo “relativo a la planta del pie” (DRAE). Los homónimos no derivan de la misma palabra: “plantar1” deriva del latín plantare y “plantar2” del latín plantaris.
Por lo común, las palabras polisémicas son malinterpretadas cuando el receptor no reconoce el lecto correspondiente al texto donde aparecen. La palabra “plantar”, por ejemplo, sólo es polisémica como voz general. En cambio, como término del tecnolecto médico se convierte en monosémica y el único significado que se le asocia es el relacionado con la planta del pie. Lo dicho nos exige introducir algunas aclaraciones sobre los lectos como criterio para la clasificación de palabras. Sintetizaremos, además, otros criterios de clasificación de palabras que se han empleado en las pruebas de lectura y que permitirán analizar más detalladamente los resultados.

Tipos de palabras y lectos.

 Las palabras se clasifican con diversos criterios. Una clasificación plantea que los usuarios de la lengua están inscriptos en un contexto histórico y que este los obliga a usar la lengua y a apropiarse de ella de forma siempre parcial. Esto establece diferencias entre los usos del lenguaje que se conocen como “lectos”. Los lectos dependen de la especialidad, la edad, el grado de escolarización, el lugar ocupado en la pirámide social y la procedencia geográfica.

Los lectos comprenden aspectos materiales (la fonética y la grafía) y sintácticos. Sin embargo, donde se ve más claramente que el uso de la lengua no resulta homogéneo es en el vocabulario. Basta como ejemplo mencionar la diferencia entre “cometa” (Colombia, Ecuador, Panamá, Perú y Uruguay), “chichigua” (República Dominicana), “barrilete” (Argentina, Guatemala y Nicaragua), “pandorga” (Paraguay), “papalote” (Cuba, Costa Rica y México), “papelote” (Honduras), “piscucha” (El Salvador) y “volantín” (Bolivia y Chile).

  • Al lecto determinado por la esfera de ocupación del hablante se lo llama “tecnolecto” (“dintel”, “balaustrada”, “frontispicio” y “capitel” forman parte del tecnolecto de la Arquitectura).
  • Al lecto determinado por la región de la que es oriundo el hablante se lo llama “dialecto” (las variedades de “cometa” son dialectales).
  • Al lecto determinado por el grupo social al que el hablante pertenece se lo llama “sociolecto” (“hirve” y “hierve”).
  • Al lecto determinado por la edad de los hablantes (más precisamente, por el momento histórico en que se incorporan a la masa de hablantes) se lo llama “cronolecto” (“arrabal”, del árabe hispano arrabad, que significa en español estándar “barrio extramuros”, se usaba en el lunfardo argentino para designar el barrio de las afueras donde se cantaba y se bailaba el tango, y hoy solo perdura en las viejas letras tangueras).

 
Tipos de palabras y campos semánticos. 

 Las palabras de significado próximo configuran campos asociativos, es decir, integran una clase. Esos campos asociativos se conocen como “campos semánticos”. Las palabras que conforman un campo semántico deben entrar en alguno de los tres tipos de relaciones siguientes:

Sinonimia-antonimia: Dos palabras son sinónimos cuando sus significados coinciden en un número alto de rasgos semánticos o semas o, en otros términos, cuando es alto el número de frases en las cuales la opción entre ambas es posible sin que el significado general cambie. Las palabras “misterio”, “enigma”, “incógnita” e “interrogante” son sinónimos entre sí. La relación de antonimia se establece entre palabras de significación contraria u opuesta.

 Hiperonimia-hiponimia: La relación hiperónimo-hipónimo es recíproca y de tipo incluyente-incluido. “Mueble” es el hiperónimo de “silla”, “sillón”, “cama”, “escritorio”, etc., que son, a su vez, hiperónimos de “mueble”.

 Relaciones de hecho: Si en las dos clases anteriores las palabras se vinculan por sus significados, en este caso el rasgo común es la relación que los referentes o cosas que ellas designan tienen en el mundo. Las palabras “tiza”, “pizarra”, “sacapuntas” o “tajador”, “pupitre”, “maestro” y “aula” forman parte de un mismo campo de hecho. Esto ocurre no porque pertenezcan a la clase de los sinónimos y antónimos o a la de los hiperónimos e hipónimos, sino porque el lector puede identificar que corresponden a la esfera de la enseñanza a partir de su conocimiento sobre el mundo real. Si el lector no conoce ese contexto, no podrá identificar el campo asociativo; supongamos, por ejemplo, los nombres de los jugadores de un plantel  e fútbol egipcio.

 Tipos de palabras en relación con el contexto y el cotexto.

 El sentido que toma una palabra, como hemos dicho más arriba, depende de la situación en que la que se la emplea. En el caso de la palabra “planta”, vimos que, si la situación de uso es médica, lo más probable es que el sentido sea “relativo a la planta del pie”.

Ahora bien, en general se diferencian dos tipos de situaciones: las situaciones verbales o “cotexto”, donde las restantes palabras del texto determinan el sentido de una palabra en cuestión; y las situaciones sociales o “contexto”, donde el sentido se adjudica de acuerdo con el momento y el espacio de la interacción, y el rol de los interlocutores. Por ejemplo, si la palabra “planta” aparece en un libro de medicina, este libro es la situación verbal o cotexto que determina que el más probable significado sea el correspondiente al tecnolecto médico; en cambio, si dos médicos hablan en un jardín y uno de ellos señala y dice: “¡Qué planta bien formada!”, el contexto orienta la interpretación de “planta” como “vegetal” (Lyons, 1981).

Tipos de palabras según su función. Las palabras también se pueden clasificar según las funciones que cumplen en la oración. El sustantivo, por ejemplo, cumple la función de núcleo de las construcciones nominales (el sujeto, el objeto o complemento directo, el agente, el término del objeto o complemento indirecto y el circunstancial, etc.). La evaluación del reconocimiento de una función puede realizarse requiriendo no solo conocer su denominación (en un ítem de selección, indicar cuál de cuatro palabras es el “núcleo del sujeto”), sino también su función misma (en un ítem de selección, indicar cuál de cuatro expresiones es remplazada por un pronombre).

 
Tipos de palabras según la flexión. 

Los accidentes de forma (o su inexistencia) también son un criterio para clasificar las palabras. El verbo, por ejemplo, es la única clase de palabra que varía en número, persona, tiempo y modo, y el adverbio es siempre invariable. 


Composición de palabras.

 Las palabras se construyen a partir de unidades más simples: los “morfemas”, unidades mínimas con significación. Por ejemplo, la palabra “prehistórico” está compuesta por los morfemas “pre-”, “histor-”, “-ic” y “-o”. Como se sabe, cada uno de esos morfemas puede combinarse con otros para formar otras palabras. Por ejemplo, con “pre-”, “preescolar” y con “-ic”, “lingüística”. Los morfemas pueden ser clasificados en dos grandes grupos: las bases y los afijos. Estos últimos se subdividen en prefijos y sufijos.
Los procedimientos básicos de formación de palabras son la prefijación o derivación de palabras mediante prefijos (como “internacional”- “intercolegial”), la sufijación o derivación de palabras mediante sufijos (como “aterrizar”-“alunizar”) y la composición de dos bases mediante fusión (“bocacalle”), vinculación con guión (“saca-corchos”) y vinculación con preposición (“sala de estar”).


Almacenamiento de las palabras. 

Para que una palabra pueda ser plenamente comprendida debe encontrarse “almacenada” en la memoria del lector. El proceso de lectura de palabras consiste, desde este punto de vista, en un “encuentro” entre los signos escritos en el papel, la pantalla, etc. y los signos que están en la mente del lector. Cuando se produce este encuentro, el lector puede saber de qué palabra se trata y qué significa. Los estudiosos del lenguaje han llamado “lexicón” al depósito o almacén donde los lectores guardan en sus mentes las palabras.


El lexicón es el diccionario interno que cada persona porta para poder interactuar con las palabras con las cuales se encuentra y es uno de los registros de memoria más importantes de que disponen los seres humanos. Una de sus características esenciales es que se puebla básicamente por experiencia. Cada vez que se escucha o se lee una palabra, esta no solamente entra en interacción con su equivalente en el lexicón, sino que refuerza su “copia” en él.


Tipos de expresiones. 

Así como la gramática ha rotulado diferentes tipos de palabras, se han rotulado históricamente diferentes tipos de expresiones. Por ejemplo, existe un conjunto de expresiones que se denominan “locuciones adverbiales” porque complementan al verbo, como “contra viento y marea” y “a tontas y a locas”; otro conjunto son las “locuciones preposicionales”, como “con rumbo a” y “en relación con”. Como se ha señalado anteriormente, estas locuciones no se pueden analizar, pues son unidades completas de significado no deducible de los significados de las palabras que las constituyen.


Almacenamiento de las expresiones.
 

Si el significado de las expresiones no es deducible de las palabras que las constituyen, entonces debe entenderse que también se encuentra almacenado en la memoria. Es decir, el proceso de comprensión de una expresión sigue un curso similar al de la comprensión de una palabra, esto es, un encuentro entre la expresión en el papel o la pantalla y las expresiones que se hallan en la mente del lector.


Aportes para la enseñanza de la Lectura
Segundo Estudio Regional Comparativo y Explicativo
Esta es una publicación de la Oficina Regional de Educación de la UNESCO para América Latina y el Caribe (OREALC/UNESCO Santiago) y del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación - LLECE